Los farmacéuticos militares se integran en el Cuerpo de Sanidad de la Defensa, formando un colectivo de unos 150 miembros que realizan diversas funciones, destacando:

  • Función asistencial sanitaria y analítica en “farmacias depósito” al mando de jóvenes oficiales en bases y grandes ciudades. En estas farmacias existen laboratorios de toxicología y de análisis de aguas con el fin de realizar los análisis toxicológicos necesarios para llevar a cabo el plan de acción de drogas así como los de sanidad y vigilancia de las aguas de consumo humano.
  • Hospital: Farmacia hospitalaria, análisis farmacocinético (pioneros en España), formulación magistral.
  • Farmacéuticos de atención primaria.
  • Instituto de toxicología de la defensa
  • Análisis clínicos.
  • Análisis microbiológicos.
  • Parasitología.
  • Inmunología.
  • Farmacia industrial y galénica en las plantas de producción (producción, análisis y control de medicamentos).
  • Investigación.
  • Docencia (Escuela Militar de Sanidad).
  • Inspección.
  • Gestión y abastecimiento de productos sanitarios (muchos puestos de relevancia en la gestión, antes reservados a médicos, están ocupados hoy por farmacéuticos).
  • Farmacia móvil: Provee de medicamentos a una división armada. Hay un farmacéutico por división.
  • Farmacéuticos tácticos y logísticos sólo en operaciones de guerra o en misiones humanitarias.

Muchos de los farmacéuticos más ilustres fueron militares y muchos de los actuales están en la Real Academia de Farmacia.

Un poco de historia:

La historia de la farmacia militar en España no comienza como tal hasta el S.XVII. Con anterioridad hubo ciertos amagos de regularización de la actividad farmacéutica en el ejército, o mejor dicho, para los ejércitos. En la Edad Media se concedían permisos especiales a los cirujanos-médicos-boticarios, que por aquel entonces eran una misma cosa, para abrir tiendas junto a los campamentos militares.Sanidad militar

Isabel la Católica creó el primer hospital de campaña, germen de los servicios sanitarios regulados en el ejército y un siglo más tarde, Felipe II crea la Botica Real, ya con una reglamentación y organigrama definidos: Boticario Mayor, farmacéuticos de palacio, ayudas de botica, mozos de oficio y un farmacéutico “en prácticas”. Los mejores medicamentos y materias primas se elaboraban y guardaban en la Botica Real, siendo codiciados incluso por otras cortes europeas, como la corteza de quina, traída de América, con la que se obsequiaba a Reyes y grandes dignatarios.

Carlos II decide que la Botica Real suministre medicamentos a su guardia, y más tarde regula el abastecimiento de medicamentos a las tropas.

En el XVIII, se constituyen y regulan de forma definitiva los hospitales militares y se indica cómo debe ser el servicio de farmacia. Aparece la figura del Boticario Mayor de los Reales Ejércitos.

Carlos III  mejora significativamente la legislación sanitaria militar. Las farmacias de campaña se abastecen de medicamentos elaborados en la Farmacia Real, que dispone un laboratorio exclusivo para tal fin. Así, el jefe de la Real Botica es también el Boticario Mayor del Ejército. Se dispone que cada hospital de campaña tenga un farmacéutico. Los farmacéuticos militares comienzan a investigar y publicar, convirtiéndose en figuras destacadas en las ciencias del S.XVIII.

Ya en el S.XIX cambian los reglamentos, la organización del cuerpo de farmacia y se construye un nuevo laboratorio. Se establece el servicio de venta de medicamentos a los miembros del ejército y sus familias en los hospitales militares. Se crea un cuerpo de farmacéuticos para la Armada.

En el S.XX comienzan a fabricarse medicamentos de manera industrial, siendo pioneros los farmacéuticos militares. Tras la Guerra Civil aparece el Servicio de Farmacia del Ejército del Aire.

Recomendamos visitar el Museo de Farmacia Militar, fundado por Rafael Roldán Guerrero en 1928 y único del mundo (los demás son de Sanidad Militar). Está en la calle Embajadores nº 75 de Madrid.

Fuentes: www.elfarmaceutico.eswww.correofarmaceutico.com; Museo de Farmacia Militar (María Paz Huerta Alonso);