Scheele

Karl Wilhelm Scheele

Descubrió el oxígeno en la rebotica… y el nitrógeno, el magnesio, el bario, la glicerina, el ácido láctico…

 

Karl Wilhelm Scheele (1742-1786), natural de Stralsund (capital de Pomerania, que en aquella época pertenecía a Suecia como consecuencia de la Guerra de los 30 Años), fue boticario en Gotenburgo (comenzando a los 14 años como aprendiz), en Malmö, Estocolmo, Upsala y Köping, donde regentó la farmacia de una viuda con la que se casó años después. En los laboratorios de las farmacias en las que trabajó, realizó sorprendentes experimentos gracias a su natural talento para la investigación empírica sin abandonar nunca su labor profesional, de la que se sentía muy orgulloso: “Practico mi investigación química sólo como algo colateral en orden a no descuidar mis obligaciones de boticario”. Resulta más meritorio si tenemos en cuenta que no tuvo formación científica más allá de lo aprendido en las farmacias, trabajando, leyendo los libros que los boticarios tenían y experimentando con todas las sustancias a su disposición. Sus logros científicos lo llevaron a ser miembro de la Real Academia Sueca con 32 años.

Sus estudios dieron como fruto el descubrimiento del oxígeno, al que denominó “aire de fuego”, descrito en su libro Tratado químico del aire y del fuego , cediendo parte del mérito al británico Joseph Priestley, quien lo descubrió  independientemente en 1774.

Scheele descubrió otros elementos químicos como el nitrógeno, el bario, el magnesio y el cloro (creyó que se trataba de un compuesto al que llamó ácido oxi-muriático por lo que no fue catalogado en principio como elemento). Scheele también descubrió los ácidos cítrico, sulfhídrico, úrico, benzoico, tartárico, gálico, oxálico, láctico, málico, fórmico y prúsico (o cianhídrico). Compuestos químicos como la glicerina, la albúmina vegetal, el arseniuro de hidrógeno y el arseniuro de cobre, el cianuro de hidrógeno, el fluoruro de hidrógeno, el sulfuro de hidrógeno y la barita (óxido de bario) forman parte de sus hallazgos. Aisló el fósforo a partir de huesos. Participó en el descubrimiento de nuevos elementos como el manganeso, tungsteno, wolframio, molibdeno y flúor, pero no se le reconoce el hallazgo de ninguno de ellos. Descubrió la acción de la luz en las sales de plata, base de la fotografía y un proceso similar a la pasteurización. Fue el primero en indicar que los metales tenían distintos grados de oxidación.

Tratado químico del aire y del fuego (1777): Único libro de Scheele. Se trata de uno de los más importantes libros de química de la historia.

Tratado del aire y del fuego

No sólo describe los experimentos que le llevaron a descubrir tantos elementos y compuestos, si no que llega a conclusiones rompedoras para la época como la afirmación de que la com­bustión da lugar a la formación de gases o que el aire es la mezcla de dos gases, uno que favorece la combustión y otro que la impide. Se trata de un soberbio ejemplo de trabajo científico. Los descubrimientos de Scheele eran el resultado de experimentos planteados de forma admirable. No daba su trabajo por terminado sin antes lograr deshacer y rehacer el experimento. Aparte del Tratado químico del aire y del fuego publicó diversos trabajos en las revistas de la Real Academia Sueca.

Fue profeta en su tierra mucho más tarde que en el resto de Europa. Su obra era conocida y alabada fuera de Suecia cuando allí apenas se le conocía. Se cuenta que en una ocasión el rey de Suecia se encontraba en el extranjero y alguien le habló de su eminente súbdito Scheele. El rey no tenía ni idea de quién era, pero le resultó obvia la relevancia que tenía para la comunidad científica europea. Ordenó que se le condecorara. Y se condecoró a Scheele. A otro Scheele, un funcionario que compartía apellido con nuestro boticario.

Al igual que otros farmacéuticos de su época, Scheele habitualmente trabajó en condiciones muy peligrosas. También fue lo bastante temerario como para probar los productos químicos que descubría y ésta, junto a la continua exposición a sustancias tóxicas como el mercurio, fue la probable causa de su temprana muerte.

Autor: Luis Marcos Nogales (farmacéutico). Enero 2012. Actualizado Abril 2012

Bibliografía:  Historia de la Farmacia (JuanEsteva de Sagrera. Masson. 2005. ISBN 8445814249);Páginas de historia de la Farmacia (JoséLuis Gómez Caamaño. Sociedad Nestlé. 1982. D.L B-29.143-81);Lo que la ciencia debe a los farmacéuticos (Roldán Guerrero. Imprenta del P. de H. de Oficiales del Ejército.1952); www.biografiasyvidas.com.

Imágenes: www.biografiasyvidas.comhttp://bibliotecadigital.ilce.edu.mx